El comercio de Ushuaia atraviesa cierres de locales y una caída superior a 37% en las ventas de supermercados. Claudia Fernández, vicepresidenta de la Cámara de Comercio y otras Actividades Empresarias de Ushuaia y de CAME, vinculó el deterioro con una menor circulación de dinero, mayor endeudamiento de las familias y crecimiento de la búsqueda de empleo. La información no incorpora un conteo total de negocios cerrados en la ciudad.
Fernández señaló que las bajas comerciales se extienden más allá de la calle San Martín y alcanzan a pequeñas y microempresas, responsables de una parte central del empleo privado local. Estimó que cada cierre compromete a dos o tres familias y mencionó la cantidad de currículums recibidos como señal de mayor desocupación. Esa relación expresa la evaluación de la dirigente y no una estadística laboral construida sobre cada local.
La falta de liquidez aparece como el mecanismo inmediato de la contracción. Según la representante empresaria, Tierra del Fuego presenta niveles elevados de endeudamiento y mora en tarjetas de crédito, por lo que una parte del efectivo disponible se destina a cancelar obligaciones anteriores. La compra de alimentos en cuotas resume hasta qué punto los hogares trasladaron gastos cotidianos hacia el crédito.
El consumo no desapareció, pero cambió de canal y de escala. Mientras las grandes superficies comerciales registraron una retracción marcada, los almacenes de barrio crecieron entre 18% y 21%. Fernández explicó que los compradores sustituyen la visita al supermercado por adquisiciones pequeñas y frecuentes cerca de sus hogares. Ese incremento no compensa la caída general, porque responde a la fragmentación del gasto y no necesariamente a un volumen mayor de consumo.
La modificación también altera la distribución de ingresos entre formatos comerciales. Los negocios barriales reciben operaciones diarias de menor monto, mientras supermercados y comercios de mayor tamaño pierden compras completas. Para las pymes, el desafío consiste en sostener empleo y gastos fijos con una facturación menos previsible. Para las familias, la prioridad es administrar deuda y cubrir necesidades inmediatas con el efectivo disponible.
Fernández expresó una expectativa moderada, aunque sin identificar una recuperación ya iniciada. El próximo indicio será comprobar si el movimiento de los almacenes se sostiene, si la mora disminuye y si dejan de acumularse cierres y solicitudes de empleo. Mientras esas variables no cambien, el crecimiento de 18% a 21% en los comercios barriales debe leerse junto con la caída superior a 37% en supermercados, no como una reversión de la crisis.