El Mercado del Puerto de la ciudad de Formosa opera con entre 30 y 35 locales sobre una capacidad habilitada para 80 puestos. La vacancia supera así la mitad de la superficie comercial disponible. Javier Shattner, gerente del complejo, advirtió que la firma privada sostiene el déficit con capital propio y que, si la situación no cambia, podría cerrar. La declaración describe un riesgo futuro, no una clausura ya resuelta.
La ocupación disminuyó junto con la cantidad de clientes. La administración atribuyó la merma al menor poder adquisitivo y a la pérdida de tránsito en el área del denominado mercadito paraguayo. El complejo, que había funcionado como punto de compras y encuentro, recibe menos público. Esa contracción reduce las ventas de quienes todavía conservan un puesto y debilita el atractivo para nuevos comerciantes.
El comercio digital modificó también el uso del espacio físico. Algunos puesteros concretan las ventas por internet o redes sociales y utilizan el local únicamente para entregar mercadería. El cambio permite mantener operaciones con menos exposición, pero disminuye la función tradicional del mercado como paseo de compras. La descentralización hacia las avenidas Italia y Néstor Kirchner y la Zona Norte agregó otros polos de competencia urbana.
La mezcla de rubros se volvió más estrecha. Los comercios de telefonía celular predominan, seguidos por indumentaria y una peluquería, mientras la gerencia observa poco interés en desarrollar nuevas actividades. El canon diario incluye expensas, limpieza, electricidad y habilitación municipal, una modalidad diseñada para facilitar el ingreso. Aun así, el bajo nivel de ventas impide cubrir de manera estable los costos del conjunto.
Shattner identificó la carga impositiva como el mayor gasto y calificó de insoportable la suma de tributos. La empresa propietaria aporta capital desde hace bastante más de un año para financiar el déficit mensual. Esa asistencia evitó hasta ahora el cierre total, pero no existe una fecha pública para terminarla ni una decisión definitiva sobre el destino del predio.
El próximo desenlace dependerá de la ocupación, la clientela y la capacidad de equilibrar los costos. Si no hay cambios, la gerencia sostiene que deberá evaluar el cierre; si mejora la actividad, los puestos vacíos podrían volver a utilizarse. La distinción es central: el mercado atraviesa una crisis crítica y más de la mitad de sus espacios están desocupados, pero sus puertas continúan abiertas y la clausura permanece como una posibilidad condicionada.