Río Negro presentó en el 34º Congreso Aapresid su estrategia para ampliar la agricultura bajo riego en los valles patagónicos. Más de un centenar de asistentes participó del panel dedicado a la provincia. Productores, técnicos y funcionarios combinaron experiencias de manejo, investigación aplicada e infraestructura pública para explicar oportunidades y límites de una posible expansión.
Guillermo Borrajo, de Agrónica, describió un territorio semiárido con lluvias de entre 250 y 350 milímetros anuales atravesado por un río de gran caudal y agua de baja salinidad. Sostuvo que se utiliza menos de 20% de su potencial. El riego debe ser total: en verano, la demanda atmosférica puede alcanzar entre 10 y 13 milímetros diarios.
La energía define buena parte de la viabilidad. Bombear con gasoil puede superar USD 800 por hectárea al año, mientras la electricidad reduce ese gasto aproximadamente a un tercio. Borrajo advirtió que instalar un pivote no garantiza resultados: los suelos aluviales son heterogéneos y requieren un plan maestro, relevamientos de textura y salinidad, equipos bien dimensionados y conducción agronómica.
La Chacra Valles Irrigados de la Patagonia presentó 14 años de investigación. Alfonso Cerrota explicó que trabaja sobre ambientes con menos de 1% de materia orgánica y busca crear suelo mediante rotaciones con gramíneas, leguminosas, cultivos de servicio, alfalfa y ganadería. Las mediciones mostraron mejoras de carbono, infiltración, estructura y biomasa microbiana desde los primeros años.
Los sistemas informaron promedios de maíz de entre 11 y 14 toneladas por hectárea, lotes cercanos a 18 y potenciales experimentales superiores a 22. La soja ronda 4,5 toneladas y superó 7 en ensayos. Esos rendimientos no son garantías generales: dependen de riego preciso, suelo, energía y manejo. El maíz puede requerir cerca de 950 milímetros durante el ciclo y el trigo, 700.
Lucio Reinoso, secretario de Agricultura provincial, detalló obras de electrificación y modernización de canales que permitirían incorporar alrededor de 40.000 hectáreas en cinco años. El plan cuenta con financiamiento del BID por USD 80 millones para infraestructura, capacitación y fortalecimiento institucional. Las cifras son objetivos de ejecución; el resultado dependerá de completar las obras, acompañar a productores y sostener el recurso hídrico.