San Juan vuelve a aparecer en el centro de una discusión que excede a la minería: sin obras logísticas de escala, el potencial del cobre puede quedar condicionado por la capacidad real de mover maquinaria, insumos y producción. El problema ya no está planteado solo en términos de recursos naturales, sino de rutas, pasos internacionales, ferrocarriles y tiempos de ejecución.
Un informe sobre infraestructura y logística que comenzó a circular entre gobernadores advierte que el sistema argentino deberá pasar de movilizar cerca de 128 millones de toneladas anuales a casi 194 millones hacia 2035. Ese salto, superior al 50%, incluye cargas industriales, agropecuarias, energéticas y mineras, y obligaría a anticipar inversiones antes de que los proyectos entren plenamente en operación.
Para San Juan, la advertencia es especialmente sensible por el avance de emprendimientos de cobre en distintas etapas. La presión sobre la infraestructura no comenzaría recién con la producción, sino durante la construcción de las minas, cuando sea necesario trasladar equipos, materiales e insumos pesados hacia zonas de alta complejidad territorial.
Los puntos críticos señalados para la provincia incluyen la Ruta Nacional 40, tanto hacia el norte como hacia el sur, y el corredor de la Ruta Nacional 150. Ese eje es considerado estratégico para conectar la actividad minera con mercados internacionales, pero requeriría una planificación que exceda la reparación puntual de caminos.
El déficit también alcanza a la conexión con Chile. San Juan cuenta con el Paso de Agua Negra, utilizado principalmente para fines turísticos y tránsito civil, pero sin condiciones suficientes para sostener un flujo permanente de cargas pesadas. Una experiencia piloto con traslado de cal por ese corredor no tuvo continuidad, lo que refuerza la necesidad de obras, protocolos de seguridad y reglas de convivencia entre turismo y logística minera.
El transporte ferroviario aparece como otro capítulo pendiente. La eventual licitación del Belgrano Cargas es observada como una oportunidad para mejorar la competitividad regional, aunque todavía no hay definiciones concretas. También vuelve a mencionarse la alternativa de un futuro paso internacional por Calingasta, todavía sin proyecto cerrado.
El plazo es parte del problema. Aunque el horizonte de mayor producción minera se ubica entre 2032 y 2035, las obras deberían estar disponibles antes para acompañar la fase de construcción. Si no hay decisiones tempranas, la infraestructura puede convertirse en el principal límite para que San Juan capture el impacto económico del cobre.