Brasil consolidó una ventaja inédita en la carrera automotriz regional y dejó a Argentina en una posición defensiva frente a la nueva ola de inversiones, plataformas, proveedores y tecnologías que marcarán la próxima década industrial del Mercosur.
Según un informe privado de Misión Productiva, el país vecino acumula anuncios de inversión automotriz y autopartista por alrededor de USD 34.000 millones hasta 2033. Argentina, aun sumando el programa de transformación de Ford, reúne cerca de USD 2.000 millones.
La relación de 17 a 1 representa una ruptura respecto del patrón histórico, que solía ubicarse cerca de cinco a uno, en línea con la diferencia de tamaño entre ambas economías. La brecha ya no expresa solo escala: refleja capacidad política para capturar proyectos de futuro.
Brasil desplegó el programa Mover, una estrategia que combina incentivos fiscales, financiamiento, innovación, eficiencia energética y estímulos a la producción local. Ese marco atrajo anuncios de Stellantis, Volkswagen, Toyota, General Motors, Hyundai, BYD, GWM y otros actores globales.
Argentina enfrenta un cuadro opuesto: menor actividad, incertidumbre regulatoria y pocos proyectos nuevos. Entre enero y mayo de 2026 fabricó unos 205.000 vehículos, 18,3% menos que en el mismo período del año anterior, mientras proveedores y terminales comenzaron a reestructurar operaciones.
La preocupación central es que la transformación tecnológica de la industria —electrificación, software, baterías, autopartes avanzadas y nuevas plataformas— quede localizada del otro lado de la frontera. En ese caso, Argentina no solo fabricaría menos vehículos: perdería decisiones de ingeniería, empleo calificado y proveedores estratégicos.
El régimen automotor bilateral bajo el ACE 14 aparece como un punto crítico. Si el avance hacia el libre comercio en 2029 no incorpora reglas de origen, contenido regional y adaptación a nuevas tecnologías, la concentración brasileña puede profundizar una pérdida estructural argentina.
La nueva carrera automotriz del Mercosur ya no se define solo por volumen de producción. Se define por quién captura inversión, conocimiento, proveedores y modelos del futuro. Brasil ya tomó la delantera; Argentina todavía discute cuál será su estrategia industrial.