Estados Unidos volvió a golpear objetivos iraníes por segundo día consecutivo y la respuesta de Teherán contra posiciones vinculadas a Washington en el Golfo Pérsico reabrió el escenario que los mercados más temen: una confrontación abierta capaz de afectar el principal corredor energético del mundo.
El Comando Central estadounidense comunicó que sus fuerzas atacaron cerca de 90 blancos el miércoles, después de haber alcanzado 80 el día anterior. El objetivo declarado fue reducir la capacidad iraní para amenazar el transporte comercial en el estrecho de Ormuz, un paso marítimo sensible por donde circula una parte decisiva del crudo de Medio Oriente.
Irán respondió con ataques contra bases estadounidenses en Baréin, Kuwait y Qatar. Kuwait informó que interceptó tres misiles balísticos, un misil de crucero y diez drones durante la madrugada, mientras que Baréin activó sirenas y pidió a la población dirigirse a refugios. La Guardia Revolucionaria amenazó con ampliar la respuesta si continúan los bombardeos.
La escalada se produce apenas unas tres semanas después de un acuerdo provisional de paz que abría 60 días de negociación. Ese canal quedó suspendido mientras Irán realiza funerales masivos por Alí Khamenei, sin avances relevantes sobre los puntos pendientes: el manejo de Ormuz, los fondos iraníes congelados y, en una etapa posterior, el programa nuclear.
El frente económico ya sintió el golpe. El tránsito por Ormuz quedó prácticamente paralizado y los buques observables se concentraron en una ruta aprobada por Irán, mientras el corredor omaní respaldado por Estados Unidos permanecía casi inactivo. El Brent retrocedía alrededor de 0,5% hasta 77,50 dólares por barril el jueves, después de haber subido más de 5% el miércoles.
La presión militar también alcanzó infraestructura iraní: defensas aéreas, sistemas de vigilancia costera, depósitos de misiles y drones, además de reportes de daños en líneas ferroviarias, una torre de control marítimo en Chabahar y zonas próximas a aeropuertos. Trump amenazó con restablecer un bloqueo de puertos iraníes y ampliar la campaña contra infraestructura estratégica, aunque también dejó abierta la continuidad de las conversaciones. Ese doble mensaje sostiene una tregua diplomática frágil, atravesada por ataques que ya cambiaron el cálculo regional.