La posibilidad de que el peronismo llegue unido a las elecciones de 2027 perdió fuerza a medida que se profundizó la disputa entre Axel Kicillof y el sector conducido por Cristina y Máximo Kirchner. Lo que meses atrás todavía podía imaginarse como una unidad pragmática para enfrentar a Javier Milei ahora se aproxima a un escenario de candidaturas separadas. La fractura ya no se limita a diferencias tácticas: cada espacio interpreta los movimientos del otro como una decisión de construir un proyecto propio.
Los dos sectores eligieron estrategias opuestas. Kicillof y su entorno redujeron las respuestas públicas y utilizan el silencio para evitar que la interna desgaste al gobernador bonaerense, mientras La Cámpora intensificó sus cuestionamientos y volvió a sugerir que se apartó del proyecto que lo llevó al poder provincial. Esa asimetría no moderó el conflicto. Por el contrario, permitió que el cristinismo elaborara una explicación más dura sobre el distanciamiento.
En la organización de Máximo Kirchner sostienen que Kicillof no busca el apoyo de Cristina Kirchner porque intenta ampliar su llegada hacia votantes no identificados con ella. Como prueba señalan que no la visita en su domicilio de San José 1111, que no procura contactos con su círculo y que ambos no se ven desde octubre del año anterior. Para La Cámpora, esas ausencias no son gestos circunstanciales, sino señales de una estrategia destinada a evitar que la candidatura presidencial del gobernador quede definida como kirchnerista.
Esa lectura también invierte la responsabilidad por la falta de respaldo. El cristinismo afirma que no acompaña a Kicillof porque el propio mandatario no desea ese apoyo, y ubica en él la decisión de romper. Desde el entorno del gobernador, en cambio, el silencio procura no alimentar una confrontación que ya acumula acusaciones públicas. Al atribuirse mutuamente el cierre del diálogo, ambos lados reducen el espacio para una tregua antes de que comiencen las definiciones formales.
La discusión excede el vínculo personal y alcanza la candidatura presidencial. La Cámpora empezó a sostener con mayor intensidad que Cristina Kirchner debe encarnar la propuesta de 2027, aun cuando su condena, su detención y la prohibición de ejercer cargos públicos impidan una postulación efectiva. El planteo la coloca como referencia política y afirma que fuera de su conducción no existe una figura capaz de representar el proyecto con igual solvencia y lealtad.
Máximo Kirchner reforzó esa línea en un acto en Carmen de Areco, acompañado por el intendente Iván Villagrán, quien fue el primero en promoverlo como candidato presidencial. Allí diferenció la unidad con la ciudadanía de los acuerdos entre dirigentes y advirtió que su espacio enfrentará a quienes considere necesario. Dentro del peronismo, el mensaje fue leído como otra señal de que una reunificación forzada dejó de ser el desenlace principal y de que cada núcleo prepara su propia oferta electoral.
El futuro de las PASO agrega un mecanismo concreto a la disputa. En La Cámpora cuestionan que Kicillof no defienda con mayor intensidad la continuidad de las primarias, pese a que ese sistema permitiría dirimir una competencia entre el gobernador y un candidato respaldado por Cristina Kirchner. Si el Gobierno nacional logra eliminarlas o suspenderlas, el peronismo perderá una vía institucional para ordenar sus candidaturas y aumentará la probabilidad de que la fractura se exprese en listas diferentes.
Todavía faltan reglas claras y varios meses para las decisiones definitivas, mientras el resto del peronismo no definió cómo se ubicará frente a los dos polos. Sin embargo, cada nuevo gesto profundiza una secuencia difícil de revertir: Kicillof busca preservar autonomía, La Cámpora interpreta esa distancia como rechazo y el cristinismo responde endureciendo su identidad. La continuidad o no de las PASO será el próximo punto verificable, porque determinará si la disputa conserva un canal de competencia interna o termina trasladándose directamente a las elecciones generales de 2027.