Córdoba Política

El homenaje a De la Sota reunió al peronismo y dejó a la vista dos estrategias familiares hacia 2027

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Candelaria de la Sota presentó en Buenos Aires el proyecto audiovisual “Tomar la posta” ante dirigentes nacionales y cordobeses, con Martín Llaryora entre los asistentes. Natalia de la Sota eligió un homenaje propio en Río Cuarto. Las actividades paralelas reavivaron la discusión sobre sus recorridos, alianzas y lugares dentro del peronismo provincial.

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El aniversario de la muerte de José Manuel de la Sota volvió a reunir a figuras del peronismo, pero también expuso la distancia política entre sus hijas. Candelaria de la Sota organizó en un hotel de Buenos Aires un homenaje y presentó “Tomar la posta”, un proyecto audiovisual destinado a recuperar discursos, imágenes e ideas del exgobernador cordobés. Natalia de la Sota no participó de esa actividad y eligió recordar a su padre en Río Cuarto. Las dos escenas, celebradas el mismo día, trazaron itinerarios distintos sobre un legado común.

La convocatoria porteña combinó memoria, proyección y armado de relaciones. Asistieron el gobernador Martín Llaryora, la senadora Alejandra Vigo, los diputados Juan Schiaretti e Ignacio García Aresca, los ministros Daniel Pastore y Miguel Siciliano, y dirigentes nacionales como Sergio Massa y Gerardo Zamora. También estuvieron el empresario Jorge Brito y el ministro bonaerense Carlos Bianco. La amplitud de la lista permitió a Candelaria mostrarse como anfitriona de un encuentro capaz de cruzar generaciones y espacios, sin convertir todavía esa red en una estructura electoral definida.

Llaryora llegó sin anticipar públicamente su presencia y se retiró después del acto. Su participación reconoció el peso histórico de De la Sota y evitó quedar ausente de una cita con fuerte contenido cordobés, pero no implicó un alineamiento automático con un proyecto nacional. El gobernador concentra su estrategia en sostener la conducción de la provincia y preparar su reelección, mientras administra vínculos con sectores del peronismo no kirchnerista y con actores opositores al Gobierno nacional. La fotografía amplió sus interlocuciones sin alterar, por sí sola, esas prioridades.

Natalia construyó otra secuencia. En Río Cuarto visitó una escuela inaugurada durante una de las gestiones de su padre y recorrió establecimientos productivos. La elección combinó memoria territorial y contacto con instituciones locales, en lugar de una reunión de dirigentes en la capital del país. Su ausencia en el acto de Candelaria alimentó interpretaciones sobre una disputa familiar, aunque desde su entorno negaron que hubiera intentado impedir la realización. El dato político comprobable es que ambas optaron por escenarios, públicos y mensajes diferentes.

La distancia no comenzó con el homenaje. Natalia mantiene desde la elección legislativa de 2025 una relación tensa con la conducción de Llaryora y Juan Schiaretti. Reclama mayor capacidad de decisión dentro del espacio provincial y una oposición más nítida a La Libertad Avanza. Su peso electoral y el apellido que porta le permiten condicionar una arquitectura que durante años buscó ordenar la sucesión cordobesa desde arriba. La incógnita hacia 2027 es si intentará disputar esa conducción, negociar una integración o proyectarse a una fórmula nacional.

Candelaria, en cambio, dio señales de querer ingresar a la política desde una plataforma con centro en Buenos Aires. El proyecto audiovisual le ofrece una identidad asociada a su padre y, al mismo tiempo, una herramienta para construir voz propia. En ese recorrido aparece el respaldo de Juan Manuel Olmos, dirigente con experiencia en el peronismo porteño y vínculos nacionales. La iniciativa no equivale todavía a una candidatura, pero la calidad de los invitados y la elección del escenario muestran una decisión de participar en conversaciones que exceden la memoria familiar.

Las dos hermanas comparten relaciones heredadas y construidas alrededor de dirigentes como Massa, pero no parecen ordenar esas conexiones bajo una misma estrategia. Candelaria cultiva contactos empresariales, mediáticos y políticos desde la capital; Natalia conserva inserción electoral en Córdoba y busca un lugar de mayor gravitación en el dispositivo provincial o nacional. Esa superposición puede transformarse en complementariedad o competencia. El legado de De la Sota, que durante décadas articuló identidad cordobesa y ambición nacional, vuelve así a ser un recurso disputado por actores con tiempos y bases diferentes.

Los próximos movimientos definirán si las conmemoraciones paralelas fueron una excepción o el comienzo de dos construcciones. Candelaria deberá convertir visibilidad y relaciones en organización, posiciones públicas y eventualmente una oferta electoral. Natalia tendrá que decidir cuánto tensiona con la conducción provincial y bajo qué condiciones acuerda. Llaryora, por su parte, procurará preservar la unidad suficiente para gobernar y competir en 2027. El homenaje recuperó una figura histórica; la política actual convirtió esa memoria en una pregunta abierta sobre representación, liderazgo y sucesión.

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