Una nueva controversia pública se abrió alrededor del canal de streaming Carajo después de que Alejandro Sarubbi Benítez, conductor de La Trinchera, hiciera comentarios violentos y discriminatorios contra habitantes del Conurbano bonaerense. La intervención fue difundida en redes sociales y acumuló repudios por el tono de deshumanización territorial aplicado a una de las zonas más pobladas del país.
Durante la emisión, Sarubbi Benítez caracterizó al Conurbano como una región sin salida y vinculó esa mirada con una supuesta situación cultural y de marginalidad. A partir de esa descripción, avanzó sobre planteos que incluyeron la esterilización de parte de la población, el cierre del territorio con un muro y controles arbitrarios de ingreso y egreso.
El tramo más cuestionado de la intervención fue la referencia a colocar francotiradores para impedir el paso de personas y a utilizar ataques con napalm desde aviones. Las frases, formuladas en un formato de streaming político, fueron leídas por críticos y usuarios como una naturalización de discursos de segregación y exterminio contra millones de personas definidas por su lugar de residencia.
La polémica también quedó asociada al perfil político del canal. Carajo es un espacio identificado con el universo libertario y con comunicadores cercanos a La Libertad Avanza. Entre sus figuras más visibles aparece Daniel Parisini, conocido como El Gordo Dan, conductor de La Misa y referente de la batalla cultural oficialista.
Aunque las expresiones fueron realizadas por Sarubbi Benítez y no fueron presentadas como una posición oficial del Gobierno nacional, el episodio volvió a colocar bajo discusión la relación entre comunicación política, provocación digital y responsabilidad pública. La participación previa de Javier Milei en emisiones del canal refuerza la atención sobre un espacio que opera cerca de la conversación oficialista.
El antecedente inmediato no es aislado. En emisiones anteriores de ese entorno se registraron cuestionamientos por imágenes generadas con inteligencia artificial usadas para atacar a un dirigente político con alusiones a la discapacidad, además de expresiones homofóbicas, agresiones contra periodistas y dirigentes, y ataques contra el expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica después de su muerte.
El caso reabre un debate sensible para Buenos Aires: cómo se construyen públicamente las imágenes del Conurbano y qué efectos políticos producen los discursos que convierten una desigualdad social persistente en motivo de desprecio. La discusión ya no gira solo en torno a los límites del humor o la provocación, sino sobre la circulación de mensajes que presentan a una población entera como amenaza.