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Una charla con un activista uigur cambió de sede tras una denuncia de presión china

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La conferencia de CADAL estaba prevista en la Legislatura porteña, que finalmente no cedió el salón y alegó documentación incompleta. Organizadores y fuentes diplomáticas atribuyeron la decisión a gestiones de Beijing ante Cancillería; el encuentro se realizó en el Club Alemán.

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Una conferencia sobre derechos humanos y totalitarismos prevista para el 24 de agosto en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires debió trasladarse al Club Alemán. La actividad formaba parte del programa anual del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina, CADAL, e incluía un panel con Dolkun Isa, activista uigur radicado en Alemania y presidente del Congreso Mundial Uigur. El encuentro finalmente se realizó, pero fuera del ámbito legislativo inicialmente anunciado.

La explicación institucional y la denuncia de los organizadores no coinciden. Autoridades de la Legislatura confirmaron que la sala había sido solicitada, pero sostuvieron que faltaban requisitos administrativos para completar la autorización. CADAL y distintas fuentes citadas por publicaciones periodísticas afirmaron, en cambio, que la Embajada de China pidió a la Cancillería argentina que interviniera y que funcionarios nacionales trasladaron esa objeción a la Ciudad. No se difundió una instrucción escrita que permita reconstruir toda la cadena de decisiones.

El panel en el que participó Isa llevaba como eje las posibilidades de defender internacionalmente los derechos humanos y contaba también con Marcelo Alegre y María de los Ángeles Lasa. CADAL vinculó el cambio de sede con una restricción a la libertad de reunión y expresión, especialmente porque la Legislatura había establecido el 23 de agosto como jornada de recuerdo de las víctimas de los totalitarismos. La entidad presentó el episodio como un caso de presión transnacional, una caracterización que corresponde atribuir a sus responsables.

La representación china había objetado anteriormente actividades críticas de su sistema político en la Argentina. En abril, otra presentación sobre comunicación y poder en China prevista en la Universidad de Belgrano fue cancelada luego de cuestionamientos diplomáticos, según denunciaron sus organizadores. Ese antecedente alimentó la lectura del nuevo episodio, aunque cada institución adoptó su propia decisión y no existe hasta ahora una resolución judicial o una investigación administrativa pública que determine responsabilidades.

El caso se inserta además en una competencia creciente entre China y Estados Unidos dentro de la agenda argentina. En agosto, la embajada estadounidense cuestionó la cooperación entre una empresa neuquina y Huawei, y la representación china respondió acusando a Washington de obstaculizar vínculos comerciales. La controversia de la Legislatura es diferente y se refiere a una actividad pública, pero ambas situaciones muestran cómo la rivalidad entre las dos potencias alcanza decisiones empresariales, académicas e institucionales locales.

La situación de la población uigur en Xinjiang es objeto de denuncias internacionales y de una disputa política sobre la descripción y el alcance de las políticas chinas. Isa es una figura activa en esa controversia y Beijing rechaza las acusaciones promovidas por organizaciones uigures y gobiernos occidentales. La existencia de posiciones enfrentadas no elimina el problema institucional argentino: corresponde establecer si una representación extranjera influyó sobre el uso de un edificio público y qué autoridades intervinieron. El examen no exige adherir a todos los argumentos de los organizadores, sino aplicar reglas iguales para reservar salas, comunicar rechazos y proteger el debate público de interferencias incompatibles con la autonomía institucional.

Lo confirmado es que la sede legislativa no fue otorgada y que la conferencia pudo realizarse en otro lugar. Lo denunciado, pero todavía no documentado de manera oficial completa, es que la decisión respondió a una solicitud china canalizada por Cancillería. Una explicación transparente de la Legislatura, el Gobierno porteño y el Ministerio de Relaciones Exteriores permitiría distinguir una falla administrativa de una restricción motivada por presión diplomática y fijar criterios previsibles para futuras actividades. Debería incluir fechas de la solicitud, documentación requerida, funcionarios consultados y fundamento final de la negativa. La trazabilidad de ese proceso es la principal deuda institucional del episodio.

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