Los trabajadores de Lácteos Verónica mantienen un acampe frente a la planta de Lehmann, en Santa Fe, después de acumular ocho meses sin cobrar sus salarios y comenzar a recibir despidos. La protesta reúne en un mismo lugar dos etapas del conflicto: una deuda laboral que se extiende desde diciembre de 2025 y una reducción de personal iniciada durante julio de 2026.
La falta de pago precedió a las desvinculaciones. Quienes permanecieron ligados a la fábrica atravesaron mes tras mes sin percibir el ingreso correspondiente a su trabajo, hasta que la crisis añadió la pérdida formal de puestos. Esa secuencia agrava la situación económica de las familias, porque el despido no reemplaza ni cancela los haberes anteriores que continúan pendientes.
Las comunicaciones recibidas en julio incorporaron otro punto de disputa: las indemnizaciones fueron calculadas al 50%. El recorte del monto deja abierta la discusión sobre la forma en que la empresa pretende extinguir cada relación laboral. Para los afectados, la salida exige resolver tanto la compensación por el despido como los salarios impagos desde diciembre, obligaciones diferentes que deben ser identificadas y canceladas por separado.
El acampe transforma ese reclamo individual en una acción colectiva visible a las puertas del establecimiento. Los trabajadores sostienen la presencia frente a la planta para obtener una respuesta sobre pagos y continuidad, en lugar de limitarse a recibir comunicaciones aisladas. La medida también preserva un punto de encuentro entre quienes todavía conservan vínculo laboral y quienes comenzaron a ser desvinculados.
La situación no equivale a un cierre definitivo informado de la fábrica. Lo confirmado es la prolongación de la deuda salarial, el comienzo de los despidos en julio y la liquidación de indemnizaciones a la mitad. Todavía faltan precisiones públicas sobre el número total de personas alcanzadas, el calendario para cancelar los ocho meses adeudados y el alcance final que tendrá la reducción de la plantilla de Lehmann.
El próximo resultado concreto deberá responder esas tres incógnitas: cuántos puestos serán eliminados, cómo se regularizarán los salarios anteriores y bajo qué criterio quedarán fijadas las indemnizaciones. Mientras no exista una solución que abarque los tres puntos, el acampe seguirá expresando un conflicto abierto. La planta está atravesada por impagos y despidos, pero su clausura total no fue anunciada en la información disponible.