Máximo Kirchner y Axel Kicillof alcanzaron una tregua que ordena, al menos por ahora, la convivencia interna del peronismo bonaerense. El acuerdo preserva al gobernador al frente del PJ provincial y deja al diputado en la presidencia del Congreso partidario. La conversación privada que mantuvieron en La Plata funcionó como señal de deshielo después de años de tensión y confirmó que, cuando el calendario electoral empieza a cerrarse, ambos sectores pueden negociar sin renunciar a sus aspiraciones.
La tregua tiene un alcance limitado. El entendimiento resolvió cargos partidarios, pero no modificó las diferencias de fondo sobre liderazgo, candidaturas y estrategia nacional. Máximo Kirchner conserva capacidad de negociación desde La Cámpora y el kirchnerismo, mientras Kicillof busca ampliar su autonomía, consolidar el Movimiento Derecho al Futuro y disputar una conducción que no dependa de acuerdos cerrados entre dirigentes.
El primer conflicto concreto es la reelección de intendentes. La Ley 14.836 limita a dos mandatos consecutivos y deja fuera de carrera a decenas de jefes comunales en 2027. Muchos de ellos integran la estructura territorial de Kicillof y presionan para modificar la norma. El proyecto para levantar el tope necesita votos que hoy no están garantizados y obliga a negociar con La Cámpora, el Frente Renovador y sectores opositores.
Máximo Kirchner no cerró la puerta a una reforma, pero su espacio quiere discutir el paquete completo: calendario, eventual desdoblamiento electoral, reglas para definir candidaturas y distribución del poder. Esa posición convierte los votos legislativos en una herramienta de negociación más amplia. Para los intendentes, el costo de la demora es alto porque una definición tardía complica sucesiones, listas y acuerdos locales.
El segundo conflicto es la sucesión de Kicillof. Impedido de buscar un tercer mandato consecutivo, el gobernador deberá ordenar una candidatura bonaerense mientras proyecta su figura nacional. En su espacio aparecen nombres como Julio Alak, Gabriel Katopodis, Jorge Ferraresi, Carlos Bianco y Leonardo Nardini. El kirchnerismo menciona a Mayra Mendoza y Eduardo de Pedro, mientras el Frente Renovador conserva la opción Sergio Massa.
El tercer frente es nacional. Cristina Fernández de Kirchner busca recuperar centralidad política y Máximo Kirchner mantiene la estructura más disciplinada del espacio, mientras Kicillof pretende que la próxima conducción se defina con mayor competencia y participación. La supervivencia de las PASO nacionales sería funcional a esa estrategia porque permitiría ordenar diferencias sin una ruptura formal.
El acuerdo bonaerense demuestra que existe margen para una convivencia pragmática, pero no garantiza una unidad programática. La distribución de cargos puede contener el conflicto, aunque los desacuerdos sobre economía, liderazgo y método de selección de candidatos siguen intactos. La estabilidad dependerá de que cada sector obtenga incentivos suficientes para permanecer dentro de una misma coalición.
El próximo tramo será decisivo. Máximo Kirchner y Kicillof deberán transformar la tregua en reglas concretas para reelecciones, calendario y sucesión. Si logran hacerlo, el peronismo bonaerense llegará a 2027 con una arquitectura común pese a sus diferencias. Si el acuerdo queda limitado al reparto partidario, cada uno de esos temas puede volver a activar una disputa que por ahora solo fue suspendida.