Tucumán Energía

La agroindustria tucumana opera con un recorte del 50% en el suministro de gas

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Naturgy NOA aplicó desde el lunes una restricción que alcanza contratos interrumpibles y firmes ante una baja de temperaturas inusual. Las citrícolas vuelven a enfrentar mayores costos después de los cortes totales de junio y julio, cuando algunas debieron descartar cáscara de limón o comprar gas hasta cuatro veces más caro.

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La agroindustria de Tucumán volvió a operar con restricciones de gas natural en plena campaña productiva. Naturgy NOA comunicó a las fábricas y plantas de la provincia un recorte del 50% desde el lunes, motivado por una baja de temperaturas inusual para septiembre. La medida alcanza al menos durante esta semana a contratos interrumpibles y también firmes, por lo que modifica la disponibilidad con la que las empresas habían organizado sus procesos.

El nuevo límite está asociado al aumento de la demanda provocado por el frío y al pronóstico de heladas sobre casi la mitad del país, especialmente durante el fin de semana. La distribuidora ajustó el suministro industrial para atravesar ese período de mayor exigencia del sistema. Para las empresas, el dato decisivo no es solo el porcentaje recortado, sino la duración efectiva de la restricción y la posibilidad de sostener etapas de producción que requieren consumo continuo.

El antecedente inmediato agrava la preocupación. Entre junio y julio, las industrias tucumanas atravesaron cortes totales vinculados con las bajas temperaturas. La limitación actual es parcial, pero llega después de un invierno en el que varias plantas ya debieron alterar programas, buscar proveedores alternativos y asumir costos no previstos. La repetición en una misma campaña reduce el margen para compensar pérdidas y obliga a revisar decisiones operativas tomadas con otra disponibilidad energética.

La actividad citrícola expone con claridad ese problema. El procesamiento del limón genera cáscara que puede secarse y conservarse para su aprovechamiento comercial, pero esa etapa necesita energía. Durante los cortes anteriores, algunas compañías descartaron esa materia prima porque no disponían de gas o porque el secado había dejado de ser económicamente razonable. La nueva reducción vuelve a plantear qué procesos deben mantenerse, cuáles pueden disminuirse y qué volumen puede absorber cada planta.

José Domínguez, director de la citrícola Vicente Trapani, describió el salto que enfrentaron las empresas cuando salieron a conseguir combustible por otras vías. La referencia de precio informada por el empresario pasó de aproximadamente 5 a 20 o 21 dólares por unidad contratada, es decir, alrededor de cuatro veces más. Su compañía acordó abastecimiento con Refinor desde la Cuenca del Norte para reducir el impacto, aunque esa alternativa también eleva el costo de producción.

La decisión industrial se vuelve entonces concreta: descartar la cáscara de limón o secarla pagando mucho más por la energía. Vicente Trapani optó por continuar con el secado porque mantiene compromisos comerciales asumidos. Esa elección protege entregas y relaciones con clientes, pero traslada el problema a la estructura de costos. Otras firmas pueden responder de manera diferente según sus contratos, existencias, capacidad financiera y posibilidades de conseguir gas fuera del esquema habitual.

Domínguez calificó el año como de gravedad extrema para el sector por la extensión de los cortes. En temporadas anteriores hubo restricciones más breves; esta vez, la sucesión de episodios prolongados condicionó una porción mayor de la campaña. El recorte del 50% no implica una paralización completa, pero tampoco permite trabajar como si el abastecimiento fuera normal. Cada jornada bajo ese régimen acumula presión sobre rendimientos, costos y compromisos ya pactados.

La primera definición dependerá de la evolución de las temperaturas y del período durante el cual Naturgy NOA mantenga la restricción anunciada. Las plantas deberán administrar el gas disponible, sostener los procesos indispensables y decidir si contratan alternativas más caras mientras atraviesan el frente frío. Una normalización permitirá recuperar ritmo, pero no eliminará los sobrecostos ya absorbidos. El próximo balance deberá medir cuánto material pudo procesarse y qué impacto dejó otro episodio de fragilidad energética.

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