La quema de caña volvió al centro del debate productivo de Tucumán a partir de un planteo de Alejandra Pistagnesi. La especialista señaló que el cultivo sostiene una parte decisiva de la economía provincial y que el uso del fuego, incorporado durante años al sistema, se convirtió en una limitación para competir en mercados con mayores exigencias ambientales.
Su diagnóstico relaciona sostenibilidad y acceso comercial. Los compradores demandan procesos capaces de demostrar mejores prácticas y menor impacto, por lo que producir sin fuego dejaría de ser solamente una cuestión ambiental y pasaría a formar parte de las condiciones competitivas. La afirmación expresa una perspectiva sectorial; no se acompañó con una norma nueva o una exigencia única aplicable a todos los destinos.
La transición implica modificar rutinas de manejo, organización y cosecha. Eliminar la quema exige alternativas que permitan retirar o administrar los residuos, coordinar maquinaria y sostener eficiencia en diferentes escalas productivas. La comunicación no detalla qué tecnología se utilizaría, cuánto costaría la adaptación ni qué apoyo necesitarían los pequeños y medianos cañeros.
Pistagnesi sintetizó el desafío como la necesidad de producir sin fuego para evitar quedar fuera de los mercados. La frase funciona como advertencia sobre una tendencia y busca interpelar a toda la cadena. Su alcance real dependerá de los requisitos de cada comprador, de la trazabilidad disponible y de la capacidad de los actores tucumanos para acreditar cambios.
El peso económico de la caña hace que cualquier transformación exceda al lote. Involucra productores, contratistas, ingenios, trabajadores, transporte y autoridades responsables de prevención y control. Una transición efectiva requiere que esos eslabones coordinen tiempos y responsabilidades. El planteo difundido abre la pregunta, pero no presenta un programa acordado entre ellos.
El hecho concreto es la instalación de un debate sobre competitividad y sostenibilidad en la principal cadena tucumana. La dirección propuesta es reducir y abandonar el fuego; permanecen sin definir el calendario, los incentivos, la fiscalización y la asistencia técnica necesarias. La discusión no niega la importancia histórica del sistema, sino que advierte que las nuevas condiciones de mercado pueden volver urgente y necesaria su transformación productiva sostenible.