Santa Fe vuelve a medir el costo concreto de la crisis industrial en uno de sus puntos más sensibles: el cordón fabril del Gran Rosario. Pampa Energía comunicó el cese de operaciones de la línea de producción de caucho sintético en Puerto General San Martín, una instalación identificada por el gremio petroquímico como la única productora de ese insumo en el país.
La decisión impacta de manera directa sobre más de 130 familias y reabre una discusión que excede a una planta. En la ex Pasa Petroquímica, con seis décadas de historia industrial, el cierre no solo implica la pérdida de puestos calificados, sino también la salida de una capacidad productiva que abastecía a sectores vinculados a neumáticos, autopartes y cadenas de valor asociadas al complejo automotor.
El Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos advirtió que la medida fue comunicada a los trabajadores de forma abrupta y que se abrió una instancia ante el Ministerio de Trabajo para buscar una salida. El planteo gremial apunta a evitar que el proceso derive en retiros forzados o en una desvinculación encubierta de operarios con trayectoria técnica y edades que dificultan una reinserción rápida.
La explicación empresaria se apoya en la caída de la demanda local y en costos que vuelven inviable la continuidad de la producción. Desde la mirada sindical, en cambio, el cierre se conecta con la apertura de importaciones y con una retracción más amplia de la industria nacional, especialmente en actividades ligadas al caucho, la petroquímica y el entramado automotriz.
El caso golpea en una zona acostumbrada a convivir con grandes plantas, puertos, energía, granos y petroquímica. Por eso, el cierre de la línea de caucho no funciona solo como un conflicto laboral: también marca una pérdida de densidad industrial para Santa Fe y para el país, que deja de sostener una producción estratégica dentro de su propio territorio.
La audiencia laboral aparece ahora como el primer punto de contención. Allí se discutirá si existe margen para preservar empleos, renegociar condiciones o construir una transición menos traumática. Pero el dato central ya está sobre la mesa: una capacidad productiva nacional se apaga y el impacto vuelve a sentirse primero en las familias obreras del cordón santafesino.