La industria de Tierra del Fuego llegó a junio con 6.570 puestos de trabajo directos, un 32,5% menos que en el mismo mes de 2025. La magnitud de la caída interanual contrasta con un dato de corto plazo mucho más estable: frente a mayo, el empleo bajó apenas 0,4% en términos desestacionalizados. Esa diferencia separa una pausa mensual de la recuperación que todavía no ocurrió.
El centro del sistema continúa siendo la electrónica. El sector concentra 5.039 trabajadores, equivalentes al 77% del empleo industrial registrado bajo el subrégimen. Por esa participación, cualquier variación en el volumen de bienes electrónicos se transmite de manera directa al conjunto del mercado laboral fabril de la provincia.
Durante junio aparecieron señales favorables dentro de ese núcleo. La electrónica incorporó 139 empleos netos y produjo alrededor de 652.000 unidades, un 12% más que en mayo. Los dos datos muestran una reacción después del fuerte ajuste atravesado durante 2025 y los primeros meses de 2026, pero todavía no alcanzan para describir un cambio de tendencia consolidado.
La comparación más larga devuelve una imagen mucho más débil. La producción electrónica de junio fue 44% inferior a la de igual mes del año pasado y el acumulado de 2026 se mantuvo 37% por debajo del mismo tramo de 2025. Así, la mejora mensual parte de un nivel deprimido: las líneas pueden fabricar más que en mayo sin recuperar todavía el volumen que sostenía el empleo un año antes.
Fuera de la electrónica, los resultados también fueron desiguales. La confección aumentó 5% la producción de tejidos y 31% la de blanquería frente al mes previo, aunque sus comparaciones interanuales y acumuladas siguieron en terreno recesivo. En plásticos, los compuestos de PVC y polietileno crecieron 3,3% durante el primer semestre, mientras envases, tapas y preformas PET cayeron 4,7%.
La pérdida adquiere otra escala cuando se observa la serie histórica. El subrégimen llegó a superar los 12.800 puestos directos en 2021; los 6.570 actuales representan prácticamente la mitad de aquel máximo. El retroceso reúne los efectos de la contracción del mercado interno, la baja productiva y las reestructuraciones empresarias acumuladas durante los últimos años.
Esa trayectoria impide confundir estabilidad con recuperación. Una variación mensual pequeña puede indicar que el ajuste dejó de acelerarse, pero el empleo continúa un tercio por debajo del año pasado y a enorme distancia de 2021. Para revertir esa brecha, las mejoras puntuales deberán sostenerse durante varios meses y trasladarse desde el número de unidades producidas hacia contrataciones permanentes.
El próximo control será, por lo tanto, doble. Los nuevos registros deberán mostrar si los 139 empleos electrónicos se mantienen y si el aumento de producción logra achicar las caídas interanuales. Mientras eso no ocurra, junio quedará como un mes de alivio parcial dentro de una industria que aún no recuperó ni el nivel de actividad ni la capacidad de empleo perdidos.