La cosecha de algodón se acercó a su final en Santiago del Estero, con alrededor de 10% de la superficie todavía pendiente. En las zonas bajo riego quedaban pocos lotes, aunque Colonia El Simbolar acumuló demoras por lluvias y falta de piso. En secano también persistían tareas puntuales antes de cerrar el ciclo.
Los rendimientos informados se ubicaron entre 2.000 y 2.500 kilos de algodón en bruto por hectárea. La calidad de la fibra mostró una mejora y el porcentaje de desmote promedió 38%. Esos valores describen el balance técnico señalado para la campaña, pero pueden variar entre establecimientos según ambiente, fecha de siembra y manejo.
El ingeniero agrónomo Jaime Coronel indicó que el comportamiento del picudo algodonero dejó interrogantes. En una campaña anterior las trampas llegaron a capturar entre 130 y 140 insectos por día sin que se observaran daños equivalentes en el cultivo. Al mismo tiempo, crecieron los ataques de Spodoptera, una plaga que exige seguimiento y decisiones de manejo específicas.
La disponibilidad de agua volvió a ser una restricción. Los sistemas de riego dependen de reservas y las zonas de secano necesitan lluvias estivales en ambientes próximos a la isohieta de 500 milímetros. La combinación obliga a ajustar fechas y expectativas. El algodón sembrado tarde tiene menos posibilidades de completar adecuadamente su ciclo, escapar de adversidades y expresar rendimiento.
La rotación aparece como una herramienta para distribuir riesgos y cuidar el sistema. Con riego, fertilización, fecha correcta y variedad adecuada, el trigo puede alcanzar entre 3.000 y 4.000 kilos por hectárea. La soja ocupó más superficie por las demoras en la implantación del algodón, mientras sésamo, poroto negro y mung se consideraron alternativas para diversificar.
El cierre de la cosecha deja rindes moderados, mejor calidad de fibra y temas abiertos en plagas y agua. El 10% pendiente deberá recolectarse cuando el suelo permita ingresar con maquinaria sin agravar la compactación ni generar pérdidas. La experiencia también refuerza la importancia de planificar rotaciones y evitar siembras tardías, porque el desempeño del cultivo depende tanto de la genética como de la oportunidad de cada labor.