Argentina se incorporó al Consenso de Ginebra sobre la Promoción de la Salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia. La adhesión fue firmada por el canciller Pablo Quirno, con la participación del embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, y de Bethany Kozma, funcionaria de la Oficina de Asuntos Globales del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos.
Quirno presentó la decisión como una herramienta para defender la vida humana, fortalecer a la familia y preservar la soberanía de los países al definir políticas públicas. Aunque en su exposición no mencionó expresamente el aborto, la declaración sostiene que no existe un derecho internacional a esa práctica y afirma que no debe promoverse como método de planificación familiar.
El Consenso de Ginebra fue creado en 2020 durante la primera administración de Donald Trump. Reúne a más de 40 países y promueve la coordinación de posiciones en organismos multilaterales. No constituye un tratado internacional ni genera obligaciones jurídicas vinculantes: cada Estado conserva la facultad de dictar sus leyes y establecer su política sanitaria dentro de su ordenamiento interno.
Estados Unidos había abandonado el mecanismo durante la presidencia de Joe Biden. Con el regreso de Trump, Washington volvió a integrarlo y asumió la secretaría que ejercía Hungría. La incorporación argentina se inscribe además en la aproximación diplomática entre los gobiernos de Javier Milei y Trump, que han expresado coincidencias en política exterior y en debates vinculados con género y cultura.
La firma no modifica por sí misma la legislación argentina. La Ley 27.610, vigente desde enero de 2021, permite la interrupción voluntaria del embarazo hasta la semana 14 inclusive y garantiza el acceso dentro del sistema de salud. El Gobierno no anunció un proyecto para derogarla ni cambios inmediatos en los procedimientos establecidos por esa norma.
La adhesión sí incorpora al país a una plataforma política internacional contraria al reconocimiento del aborto como derecho. Puede influir en posiciones diplomáticas y reabrir el debate interno, pero cualquier alteración del régimen vigente requeriría decisiones nacionales posteriores y acuerdos legislativos que no fueron informados. El alcance confirmado es declarativo y político; no supone una reforma automática de la ley argentina.